Sunday, March 08, 2020

Dia Internacional de la mujer trabajadora 2020

Este 8 de Marzo, quiero reflexionar sobre mi experiencia profesional con el machismo. Es mi especie de #MeToo profesional. Aquí va:

© ISTOCKPHOTO/MHJ
Puedo decir que he sido afortunada. Hace 20 años, estudiando en una de las facultades mas machistas de la UNAM, la Facultad de Ingeniería, varios académicos hombres me apoyaran en la obtención de una beca para un posgrado en el extranjero. El Ing. Sergio Herrera, el Ing. Rolando de la Llata, el Ing. Enrique Gonzalez  y el Ing. Gilberto Silva me ayudaron enormemente. Siempre, siempre les estaré eternamente agradecida.

Esta gran fortuna al inicio quizás me hizo sentir que todos los colegas, profesores o compañeros serian igual de alentadores en todos los aspectos de la vida profesional. Rápido me dí mis topes contra la muralla machista y cada vez entiendo más lo afortunada que fui en mi inicio académico.

Ha habido de todo:

  • Desde el negacionista de mi asesor de doctorado  “No puedes, no estas preparada”, en lugar de un “Preparate para que puedas hacer el trabajo” conjuntamente con 
  • El club de Toby (como decimos en México) que básicamente son grupos de investigación con puros hombres que no se relacionan con ninguna colega investigadora mujer y en los que no he tenido acceso a sus actividades por mucho que tenga la misma línea de investigación y sea del mismo departamento o grupo(!!)
  • Del investigador “Tlatoani” (rey azteca) que es tan territorial que si tocabas su “zona de estudio” tenias que irle a rendirle pleitesía como si fuera el amo y señor de su islote.
  • Del investigador “Mi rey” que se siente tan seductor y tan deseado por cualquier mujer que en lugar de citarte en su oficina te cita en otro lado 
  • El “Gandalla” que utiliza tus resultados en publicaciones pero nunca te dijo nada ni pidió permiso.
  • Del colega "Teatrero" que no soporta que le quiten protagonismo y nunca dejara que otros hablen o expliquen ideas.. aunque las otras personas las hayan desarrollado
Ahora siendo justa, también tengo que decir que todas estas actitudes, quizás corregidas y aumentadas, las he encontrado en colegas investigadoras mujeres. Son las que yo llamo las “más machos que los machos”. Aquellas en las que no encuentras ningún tipo de empatía personal ni de género, se ensañan contigo, te bloquean, les encanta utilizarte bajo la cara de solidaridad pero te ignoran en la realidad y las que nunca te dan las gracias si las ayudas. 

Mi intento de neutralización fue, es y será, tratar de no ser como ell@s: ser empática como persona y como mujer compartiendo lo que sé. Tal vez entre las personas que me rodean, coleg@s y estudiant@s, pueda obtener un cambio. Ayudar como yo fui ayudada, reconociendo que han sido hombres los que inicialmente me han impulsado como persona e investigadora y que son hombres y mujeres a las que puedo enseñar diferente.