Estas reflexiones sobre lo que es y debería ser la universidad me hacen falta en el sistema español universitario. Creo que hace falta pensar que significa ser universitario, qué es la universidad y hacia donde se quiere ir. Podría decir que aquí la universidad pública aquí es más cara y me resulta "business" puro y duro de los gobiernos locales por que no encuentro una vocación de servicio para la sociedad ni de trabajo digno para los profesores. Creo que esta reflexión de Pablo González Casanova es también para pensarse y aplicarse en cualquier sistema universitario.
Libertad de cátedra e investigación
Las distintas escuelas, teorías e ideologías de la investigación científica y humanística exigen respetar la libertad de cátedra e investigación, cuidando que la calidad académica sea de primera en cualquier campo que se trabaje; pues una de las características de la Universidad es que enseña a investigar, a pensar, a trabajar con el tipo de conocimientos más avanzados que ha alcanzado la humanidad. Es cierto que en ocasiones surgen fuera de las universidades e institutos de cultura superior manifestaciones extraordinarias de la investigación humana, de las técnicas y las artes. Pero en toda la historia de la cultura se ha comprobado, y se sigue comprobando cada vez más, que las universidades son las mejores instituciones de investigación científica, humanística, tecnológica y artística, y las más calificadas para la educación.
El lograr los objetivos de cualquier universidad que merezca ese nombre exige una disciplina. La disciplina puede alcanzarse en formas no autoritarias. En las universidades se logra por el interés común que se reaviva y comprueba día a día al reflexionar, dialogar, descubrir, aclarar, expresarse en los procesos de educación e investigación o difusión de la cultura.
Si el interés intelectual y existencial falla, se pierde la disciplina, se relaja la cooperación, se distrae el estudiante o el estudioso. Pero al interés y la pasión que el profesor ponga en preparar y transmitir su clase, y que transmita a sus estudiantes, tendrán que añadirse necesariamente ejercicios y prácticas que también les ayuden a memorizar y a dominar conceptos y técnicas y a ser rigurosos. No siempre serán divertidos esos ejercicios; realizarlos exigirá convencerse a uno mismo de que lo van a ayudar a pensar y a hacer mejor lo que se quiere.
En ese sentido, tenemos que dar gran importancia a hacer las cosas muy bien y a no conformarnos con que estén más o menos bien, sino muy bien. Es increíble, pero incluso cuando es uno adulto sigue uno aprendiendo a hablar mejor (en diálogos y discursos); a leer mejor (en voz baja y en voz alta); a oír y atender más cuidadosamente lo que le dicen a uno, y los razonamientos que le presentan a uno.
También se aprende a razonar y a argumentar mejor, y a escribir más bien, con más claridad, con un orden lineal o no lineal más estructurado, con un vocabulario más preciso y, a veces, hasta en formas que el texto alcance un sentido de la belleza, un estilo. Algo semejante ocurre con los demás conocimientos. Los seguimos aprendiendo “de grandes”, ligándolos unos a otros, enriqueciéndolos con nuevas experiencias, lecturas, impresiones, reflexiones.
En la Universidad, por lo demás, nos enseñan a ser especialistas, a dominar un campo del conocimiento o una técnica o serie de técnicas, y métodos que permiten cometer menos errores, o controlarlos, corregirlos, y hasta descubrir mejores métodos, procedimientos, y explicaciones o modelos más eficaces para saber lo que pasa o para hacer-construir-luchar en función de objetivos.
Así, combinar la lectura de los grandes autores clásicos y los de nuestro tiempo con la preocupación de actualizar los conocimientos resulta indispensable para no quedarse pensando en las ciencias naturales o sociales que aprendimos hace 10 o 20 años. Estar al día implica también aprender a leer el periódico y algunas revistas culturales o especializadas, y aprender a ver la televisión y los vídeos. Por los periódicos, revistas, libros, vídeos, programas transmitidos en formas directas o electrónicas, hoy podemos aspirar a estar al día, siempre que aprendamos a seleccionar la información y a eliminar el ruido.
Para seleccionar “lo mejor”, el diálogo personal con los investigadores y profesores —y entre ellos— es una de las claves principales. Otra son las antologías y libros o listas de lecturas recomendadas. Sirven de punto de partida para adentrarnos en textos fundamentales a los que accedemos de acuerdo con nuestras necesidades e intereses intelectuales y prácticos.
Todo eso nos lleva a hacer un uso óptimo de libros y computadoras, de diálogos, bibliotecas y museos presenciales y a distancia, de experimentos o simulaciones de la realidad actual y virtual en el laboratorio y en la pantalla de la computadora. Una industria nacional de computadoras correspondería a la política global-local más creadora, si se complementara con estaciones de radio para cursos y diálogos, con unidades de productores y distribuidores o exhibidores de videos interactivos; con editoriales de folletos, ejercicios y prácticas.
Una gran Universidad
Para realizar esos objetivos, necesitamos el apoyo del gobierno, la sociedad política y la sociedad civil. Pero sólo lograremos ese apoyo en la medida en que sepamos organizarnos para ser una gran Universidad. Y aquí pienso en términos cualitativos y cuantitativos. Podemos ser una Universidad muy grande y de altísima calidad, siempre que nos organicemos como un sistema complejo y autorregulado.
Entiendo por sistema complejo un conjunto de facultades, escuelas, institutos, centros que se dividen y subdividen en unidades autónomas y se articulan para alcanzar y coordinar sus objetivos de trabajo y para interactuar en sus tareas universitarias. Los objetivos de trabajo pueden corresponder a programas muy especializados que conciernan a una sola disciplina, y a otros que abarquen disciplinas diversas, varias instituciones y hasta el conjunto de la Universidad.
Al efecto toda unidad, por pequeña que sea —pensemos en el grupo de trabajo o el seminario—, debe articular la investigación y la docencia. Y desde luego, si la Universidad llega a reestructurar su división del trabajo para cumplir mejor sus funciones y abarcar espacios geográficos intercomunicativos más extensos, las grandes unidades en que se divida deberán tener profesores, investigadores y estudiantes y estar articuladas entre sí. Todos los subconjuntos del conjunto UNAM deberán tener facultades y escuelas, institutos y centros de investigación y departamentos de difusión interactivos, intercomunicativos.
Las estructuras más adecuadas para la toma de decisiones de una Universidad tan compleja serán las que hagan de la Universidad un sistema autorregulado, conformado a distintas escalas por unidades de trabajo, a la vez autónomas e integradas en un todo, siempre con respeto de las autonomías y de sus proyectos de colaboración. Cada una de las unidades del conjunto UNAM autorregulará sus objetivos y programas y corregirá sus rutas o métodos cuando éstos lo requieran. Las distintas unidades de la UNAM se relacionarán entre sí para redefinir programas y redes de asociación actual y potencial.
Aquí se plantea el problema más difícil de todos, el de hacer efectiva una mejor educación para más. Parto de la necesidad de insistir sobre la indispensable legislación del derecho constitucional a la educación superior, universal, pública y gratuita para todos aquéllos que, deseando estudiar en la Universidad, muestren tener los conocimientos necesarios para continuar con probabilidades de éxito sus estudios. Este derecho se tendrá que reconocer, tarde o temprano, y no se podrá rechazar con el argumento de que ajustemos la educación superior a un mercado especulativo, inestable, restrictivo y excluyente, olvidando que la educación universitaria puede ayudar a mejorar nuestras condiciones en el mercado de trabajo calificado y altamente calificado, y que puede y debe contribuir a una democracia que será tanto más real cuanto mejor preparados estén los ciudadanos. A partir de ambos postulados, que hemos probado y podemos comprobar hasta la saciedad, el problema principal que tenemos, desde eel punto de vista de la organización óptima de una Universidad incluyente, consiste en que no sacrifiquemos la calidad por la cantidad, ni la democracia con el populismo.
El proyecto de gobierno de una Universidad de alta calidad, cuyas decisiones no sean autoritarias y que se abra al mayor número de estudiantes posible, es un problema que podemos abordar si a partir de un sistema complejo, con sus unidades autónomas autorreguladas, reestructuramos los órganos de decisión del conjunto universitario y sus partes, descansando en primer término en la reestructuración de sus estatutos, para el caso en reformas al Estatuto General de la Universidad.