I.
Solo
Dios y los profes merecen 10
Obtuve mi
licenciatura en Ingeniería Geológica en la UNAM y desde los 24 años tuve la
oportunidad de ejercer de ayudante de profesor y enseñar. La docencia siempre
me ha entusiasmado y aquella fue una oportunidad increíble que siempre
agradeceré. En bachillerato y en la licenciatura tuve la oportunidad de conocer
profesores increíbles que enseñaban super bien y eran toda una inspiración para
ser igual de eficientes, transparentes, pacientes y excelentes. Después de
tantos años, todavía pienso en ellos y siguen siendo una inspiración como
profesores.
Claro, no
solamente tuve a estos profesores. También los tuve de aquellos cuya pasividad,
dejadez y menosprecio a estudiantes era de manual de corrupción tercermundista.
Había aquellos para los que hicieras lo que hicieras sacarías un 6, el mínimo
para aprobar, y si no hacías el esfuerzo mínimo para agraciarte con ellos, no
pasabas de allí. Aquellos para los que ir al aula era algo necesario para
disimular que trabajaban y punto. También estaban los prepotentes para los que
los alumnos eran unas piltrafas y no valían su precioso tiempo. La excelencia
solo era ellos, los profesores, y el resto de mortales pequeños granos de polvo
hacia la perfección que ellos representaban. Solo Dios y los profes merecen el 10. Vaya, todos ellos
conforman el grupo y la inspiración de todo lo que yo, como profesora, NO
quería ser.
En mi doctorado, tuve la oportunidad de ir a estudiar al sistema educativo anglosajón, donde cada profesor al menos intenta ser eficiente y transparente al enseñar y evaluar. Mi gran shock, para bien, fue haber conocido grandes vacas sagradas del conocimiento, que me trataron y pidieron un trato como una persona normal más en este mundo. En ese sistema confirmé que siempre la eficiencia y la transparencia son super necesarias en enseñanza y que, sobre todo, intentaría ejercer y pedir un trato más humano y como persona con mis estudiantes.
Mi tope con un muro grande de piedra como una fortaleza medieval, nunca mejor dicho, ha sido el sistema educativo español y en específico el catalán, en el que he tardado años para poder entrar a trabajar. Cabe decir que antes de entrar, había intentado hacer exámenes en concursos para acceder a puestos de trabajo super científicos y especializados. Aquí, me he enfrentado, a algo que nunca había visto antes en mi vida como alumna o profesora: el hecho que al evaluarte descontaran los errores sobre los aciertos. Es decir, que si perdías 2/10 puntos por desaciertos. no tienes un 8 y ya está, sobre el 8 te descuentan los 2 desaciertos y tienes un 6 (¡!!!).
Nunca tuve la
oportunidad de demostrar que mis aciertos eran en geología o en mi área de
especialización, porque era donde obtenía la mayoría de puntos, sino todo
quedaba enmascarado por una forma de evaluar que no permite saber en qué tema
es mejor la persona y si no acierta, peor para el/ella, se le castiga por
haberse equivocado ya que lo único que cuenta son los puntos finales.
Mi shock más
grande, para mal, es que cada semestre mis alumnos me pregunten si restaré
desaciertos. No me puedo imaginar un sistema de evaluación más inadecuado y
poco asertivo, donde el alumno no sabe en qué falla y en qué está haciendo las
cosas mejor, para que él/ella pueda decidir a cuáles temas dedicarle más/menos
esfuerzos. O donde tú, como guía, no se lo puedas decir porque para evaluar, lo
único que importa es la puntuación final.
II.
Messi,
el 10 y los penalties
El título de este
artículo viene del catalán y se leería “ni al deu un deu” ya que Dios (Déu) y
10(deu) se pronuncian igual. Imagínense, el juego de palabras tan original para
elogiar a Lionel Messi, número 10 del Futbol Club Barcelona, FCB: “Déu existeix
i juga al Barça” “Dios existe y juega en
el Barça, FCB”
😉
Una de las cosas más
creativas y emocionantes que tienen los catalanes es esta inventiva y ganas de
hacer las cosas de manera original. La cultura y el sistema deportivo es
espectacular. Si no hay escuelas, las crean, y allí enseñan a futuros
deportistas de élite valores personales y deportivos paralelamente a una
educación académica formal. Donde arribados como Johan Cruyff han generado una
escuela donde la imaginación, creatividad y atrevimiento van más allá para
combinarse con el talento de los jóvenes deportistas. El mismo Lionel Messi es
fruto de este esfuerzo y esta filosofía catalana del deporte. Es lo que se
conoce como el modelo de la Massia en el FCB: generar escuelas que sean una
cantera de profesionales líderes.
Lo increíble y
emocionante es que no solo en fútbol tienen escuelas como estas, aunque con
menores recursos, también las hay en atletismo, ciclismo, handball, waterpolo y
en muchos otros deportes más en que los catalanes son punteros a nivel mundial.
Mis preguntas,
como científica y extranjera y recién incorporada al sistema educativo de este
país son:
¿No se podría
trasladar este sistema al área del conocimiento científico?
¿Por qué no se
traslada esta filosofía de creatividad, imaginación, libertad y atrevimiento a
la educación formal de este país para generar más y mejores científicos?
¿Por qué no
evitamos sistemas de evaluación tan negativos, basados solo en puntuación y
castigo? Para que los estudiantes y futuros profesionales del país sepan en que
van mejor o peor y tengan criterio propio para mejorar/avanzar hacia lo que se
les da mejor y, porque no, ser líderes en lo suyo.
¿Se imaginan no reconocer la genialidad de Andrés Iniesta, ahora que se retira, y evaluarlo solo en base a los goles que marcó? Entonces, ¿Por qué no reconocer las cosas bien hechas en un estudiante de ciencias y tecnología?
¿Se imaginan no reconocer la genialidad de Andrés Iniesta, ahora que se retira, y evaluarlo solo en base a los goles que marcó? Entonces, ¿Por qué no reconocer las cosas bien hechas en un estudiante de ciencias y tecnología?
¿Se imaginan a Lionel
Messi que durante años lleva demostrando su superioridad técnica, que siempre
se autosupera anotando número de goles por temporadas, que durante esta última
lleva fallando los penalties, le digan que no le pueden dar la bota de oro porque falló 6/6 penalties después de todo lo que ha
hecho y eso le resta puntos? Y lo peor,
que no le digas que son por los penalties, sino porque no alcanzó cierta
calificación mínima sin poderle decir en qué falló?
Aquí ¿Ni el deu
mereixeria el deu? ¿Ni Déu, mereixeria un 10?
¿Qué tal si ejercemos
más libertad, creatividad y originalidad a la hora de enseñar y evaluamos de forma mas sencilla, eficiente y transparente?