Recientemente he visitado mi país. Tuve tiempo de disfrutar mucho y urbanear por el DF (Lo siento.. no puedo decir CDMX), de chilanguear, ver la gente en la calle, de visitar mis espacios preferidos y por los que vagabundeaba cuando vivía allí.
La ciudad de México ha cambiado tanto en estos 13 años: hay patrullas pick up's con policías armados disque patrullando, oigo disparos en mi calle en medio de la noche, siempre que voy oigo cuetes y cuetes como antes en las fiestas de diciembre y (ahora me pregunto si es la forma de comunicarse entre bandas), ya no hay velador y la calle ciertas noches de la semana esta vacía a las 9 de la noche. Definitivamente hay otra dinámica extraña e impactante para mí que soy tan ajena a la violencia actual. No es como cuando vivía allí, definitivamente.
Esta vez regresé con la curiosidad enorme de escuchar lo que los amigos tenían a decir sobre la experiencia del sismo. Visto desde aquí afuera, parece que la sacudida telúrica tuvo un gran impacto y se reflejó como una gran sacudida social y política del país.
De un gran amigo estudiante universitario (milenial él) me enteré de la gran solidaridad de los estudiantes y el urgencia de las autoridades universitarias (todas) para que regresaran a las aulas. Me dijo: "Les urgía que regresaramos a las aulas pues estabamos demostrando que podíamos vivir sin gobierno y ser autosuficientes. Demostrabamos su gran inutilidad y corrupción.¡No los necesitabamos!".
Mi amigo Miguel me enseño los daños en Cuautla. Un lugar muy cercano al epicentro ¡¡Impresionantes!! Y nadie ha hecho nada de nada. Claro, no és la gran ciudad capital y la población es mayoritariamente campesina.
Me quedo con tres hermosas experiencias que me llenan el alma de lo que és la solidaridad y el hacer de la gente ( en una gran mayoría, milenials) que me llenan de esperanza respecto al futuro de mi país, que me desmuestran la grandeza de mis compatriotas:
Durante la maratón de la CDMX una vecina llevó a nietos y hijos a repartir cocacola. La seño llevó sus botellas de cocacola (como tres cajas) y se puso a repartir en bolsitas de dosis individuales para los corredores. Los nietos repartían y animaban y los corredores super agradecidos con ellos. La señora no era parte de la organización, sino una simple vecina de por allí que simplemente queria participar en la gran fiesta que es una maratón, con una gran pequeña muestra de solidaridad para la gente que hace deporte.
Cuando iba en metrobus una chica entró junto con una señora con bebé. Pues ella viendo a la señora se puso a vocear en el vagón de mujeres que había una seño con bebé. Qué si había alguien que le cediera el lugar. Una señora se levantó y se la dió (la chavas sentaditas ni si inmutaron).
Fuí al cine con mi papá y cuando salimos de casa de paraguas. Cuando llegamos al cine un aguacero a la entrada. Delante de nosotros ese inmenso estacionamiento tipo gringo de plaza comercial donde venia un viejito de la calle, mojandose. Un chavo se acercó a mi papá y le pidió el paraguas. "Mire"-dijo-"es que voy por el señor que se está mojando". Mi papá le dio el paraguas y el chavo se lanzó a acompañar al viejito hasta que llegó donde nos resguardabamos nosotros. ¡¡Era un señor de la calle!!
Me quedo impresionada de la solidaridad y altruismo de mi gente. Sé que suena raro, pero espero que todos los sismos nos sacudan la consciencia y nos hagan mejores, en ese país tan fantástico como es México: tan tectónico, tan volcánico, tan gente!