La tierra que primero
acaricias con tus manos es la que marca mas tu destino, la que tocas antes de que te pongas
en pie, cuando te arrastras de pequeñito. Yo pude sentir la rugosidad de terreno
y el calor de la lava que hace pocos cientos de años se enfrió. Toque la tierra con las manitas y
descubrí sus formas. Eran lavas acordonadas y flujos piroclásticos tibios que
me invitaban a no levantarme en dos pies. Sin embargo, cuando lo hice, vague
por todos lados: por sus cráteres, su cenizas y hasta descubrí otras tierras de
origen marino, sedimentos calcáreos levantados orogénicamente que escalé y
medí. En ellas están las marcas y cicatrices del fuego, el viento y el agua tan profundamente arraladas en la
cosmogonía de la gente.
En esta, mi tierra, crece la
vegetación que me dio de comer mis primeros años. En ella crecen calabazas,
frijoles, quelites, maíz, caña de azúcar, plátanos, mameyes, piñas, vainilla,
zapotes, hongos, melones de carne naranja. En ella están sepultados mis mayores
muertos, los que abrace y toque en la cara con respeto. En esta mi tierra vive
gente que sonríe siempre. Esta tierra que tiene y es lo que yo soy y en ella
viven algunas de las cosas que mas me estimo. Par a ella con todo el cariño.
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