Saturday, December 15, 2012

Hypocritical policies on weapons

United States of America it is so worried on the policies of nuclear weapons in the international scenary but at home the policies on common weapons are so loose and permissive that many times, we the outsiders become amazed of how repetitive, are  performed massacres in common places by common people.

Just before the beginning of the Afghanistan invasion in 2001 I heard a man saying how impressive was to see TV images of Afghan men carrying so high caliber guns. He was asking how it was possible that illiterate farmer men  have acces to such arsenal. I remember ask him back Why? What was difference between a common American man carring a gun, or even worst,  between  American little child using a riffle with so short age?  Wasn’t this second case even scarier? What was the difference?

The difference for me was and is clear. It is cultural. For me, this man reflected the sumpremacist attitude of American people to see others cultures as if they, at home, would not have the very same attitudes or behaviors. What makes an Afghan man different from an American man? Both are human beings with a social background, a personal history, feelings, traumas,  fears, happines. The problem is not which culture is better for guns but weapons per se. Any kind of weapons.
My question is: Against the evidences, why  is not this man, and in general the entire country, now asking for the reasons of guns in hands  of common American men and children to kill people? Why are not they questioning the hability for certain people to carry guns?  Why are not they rabiously asking for a "war" against the possesion of such "impressive" arsenal as in 2001?
The reason is cultural.. American culture is a hypocritical supremacist culture. The time of the cowboys in the west  is over and no one should carry a gun to grant security and justice any more.  We are in the 21st century in a globalized world.

Thursday, December 06, 2012

Legalización de las drogas en EUA.

Legalizar YA por Rocha (Proceso 1883)
Puede parecer broma de mal gusto poner a la paloma de la paz con hoja de marihuana en lugar de su ramita de olivo. Pero no, no lo es, para países como México la legalización de las drogas en Estados Unidos de América podria resultar una opción de pacificación en la supuesta guerra contra el narcotrafico. Digo supuesta porque quienes la hacen (el ejercito mexicano y el gobierno mexicano) estan más que involucrados con los grupos del narcotráfico. Razón mas para acabar con esta hipócrita y cruenta guerra que desangra el país.
 
En el país epíteto de la democracia, Estados Unidos, se ha legalizado la marihuana en dos estados (Washington y Colorado). ¿Cual será el impacto en el consumo-producción y distribución en los países productores? México además de productor es la principal via de introducción-distribución de la droga. ¿Cual será el impacto sobre la economia nacional? ¿Habrá una reducción de la violéncia social que existe en nuestro país? Seria interesante que los especialistas en narcotrafico centraran su atención en el impacto de esta legalización ya que serian los primeros casos de políticas economicas-comerciales del uso de ciertas drogas con impacto directo en el narcotrafico de América Latina y, en específico, de México. Presento texto de Sabina Berman, aparecido en el Proceso semanal  (num. 1883, 02/12/2012).
 
LEGALIZACIÓN YA por Sabina Berman
 
Estamos tan acostumbrados a las malas noticias, que a veces no sabemos aprovechar las buenas”. Tal escribe Claudio Lomnitz, una de las mentes preclaras y más cosmopolitas de nuestra generación. La buena noticia siendo la legalización de la mariguana en dos nuevos estados de nuestro país vecino. Colorado y Washington.
Para apreciar la oportunidad que tal suceso nos abre, hay que dar un paso atrás en el tiempo.
La satanización de la mariguana se inició en los años setenta del siglo pasado, cuando un muy puritano y rígido presidente Richard Nixon declaró la guerra contra las drogas. Así la pobre motita, que era una planta con una larga tradición entre nosotros, recientemente adoptada como alteradora de la conciencia por los jipis, se convirtió en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. Y luego, y en consecuencia, México, siempre fiel tanto a la Virgen de Guadalupe como al poder estadunidense, también la criminalizó y persiguió su cultivo y tráfico.
La legalización de la mariguana en ya 18 estados del país vecino, y los próximos plebiscitos previstos para decidir su estatus en otros tres estados, anuncian su paulatina pero inexorable rehabilitación. La Hierba Verde va en el norte en vía segura de transformarse de satánica en un enhacer, un incentivador de la sensualidad, especialmente preferido a los alteradores artificiales por la suavidad de sus efectos y la ausencia de sedimentación en el hígado o el corazón.
El Huffington Post señala dos beneficios inmediatos para Estados Unidos de la legalización de la planta. El ahorro de más de 13 mil millones de dólares anuales, incluidos mil millones tan sólo en gastos carcelarios. Y el aumento de la recaudación fiscal al integrar el comercio de the weed a la legalidad.
Si esos son los beneficios de la legalización allende nuestras fronteras, de este lado son aún mayores.
Amén de los mismos, el ahorro de los gastos de la persecución de sus traficantes y la recaudación de impuestos en su comercialización, por fin pararíamos esta guerra boba. Boba porque es contra una plantita, carambas. Boba porque fue una guerra mal planeada y mal ejecutada. Y boba porque todas las guerras son bobas: son el resultado de la incapacidad de la inteligencia humana.
Además, podríamos separar el crimen del narcotráfico. Separarlos permitiría que nuestro Ejército y nuestras policías dediquen y afinen su capacidad balística y de inteligencia en el combate de los delitos que verdaderamente destruyen vidas y familias y han llenado de agujeros nuestro tejido social. El asesinato, el secuestro, la extorsión, el robo, la trata de blancas.
Igual de trascendente, la legalización reintegraría a la nación zonas y poblaciones hoy gobernadas por el narco, las zonas donde miles de campesinos cultivan y empaquetan la mota y las zonas donde otros tantos de mexicanos arriesgan la vida transportándola hacia el norte. Un cálculo somero es de 30% del territorio nacional.
En otro aspecto más creativo, la mariguana podría convertirse rápidamente en la base de una industria que la exporte al mundo entero. Hoy existe un mercado de 78 millones de consumidores (y esos son sólo los que así se confiesan en las encuestas): 34 millones en Europa, 44 millones en Norteamérica, según cifras de la ONU.
Claudio Lomnitz propone que busquemos pronto el derecho a la “apelación de origen” para nuestra mariguana comercial. Es decir, que únicamente nuestras plantas tengan el privilegio de llamarse mariguana. Tal logramos con el tequila, con beneficios espléndidos. Tal lograron hace más tiempo los franceses con la champaña o el coñac.
Mariguana mexicana lado a lado al coñac francés en las boutiques de sustancias finas para la dulce traslación de los sentidos desde el estrés al placer. ¿Por qué no? Uno puedo soñar ya las etiquetas. Acapulco Golden, mariguana pura de las colinas bañadas por el sol guerrerense, lado al lado del Remy Martin, de los viñedos del corazón del coñac.
Claudio Lomnitz imagina también líneas de comercialización a precios populares con marcas como Sardo o Levita o Avándaro o El 68. No sé, en este punto diferimos. Le concedo que tales puedan venderse únicamente en México, y al extranjero destinemos sólo las más costosas. Yo quisiera ver a los estadunidenses y a los europeos olisqueando nuestras latas con 20 cigarrillos de mariguana dentro como si olisquearan una exquisitez. Caviar. Caracoles. Té de rosas chinas.
Nos la deben, me parece.
Pero volviendo al presente. La posibilidad de legalizar ya y de comercializar pronto es real, y de dejarla pasar sólo podremos culparnos a nosotros mismos si en cinco años el sitio de gloria internacional que merece la Acapulco Golden es ocupado por la California Gold.